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sábado, 8 de enero de 2011

ENTRE SUSPIROS Y RETAZOS DE RECUERDOS - SE DESPIDE MI CUERPO



ENTRE SUSPIROS Y RETAZOS DE RECUERDOS

Entre suspiros y retazos de recuerdos, así me encuentras todas las noches bajo la sombra de aquella vieja lámpara que me ofrece un poco de luz. Me encuentras observando mis manos, suspirando para no llorar, cerrando los ojos para recuperar un poco de esa sensación perdida y dejar volar la imaginación un poco más allá. Escondida entre las sombras juego con situaciones completamente falsas, pero que me gustaría vivir, sólo contigo o como ahora sin ti. Pero así lo hago en esos momentos de imaginación, cuando entro en el mundo de fantasías, en esos momentos solo míos que nadie me puede quitar, ni los puede observar, es en esos momentos cuando eres mío más que nunca; es cuando tengo el derecho y deber de tocarte; cuando te puedo observar a los ojos y decirte todo sin decirte nada; cuando te puedo amar sin límite alguno; cuando todos esos suspiros, que causan el recuerdo, cobran vida y se transforman en besos… son los momentos perfectos para una sonrisa… así me encuentras, escondida entre sombras, siempre pensando, pensando, pensando… quizá ese es mi problema… te extraño por pensar …


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SE DESPIDE MI CUERPO

Escondido entre la sangre y la piel del cuerpo
escurridizo entre las células de los huesos
esculpido en forma de neuronas en el cerebro
desvaneciéndote en las últimas respiraciones
dedicadas a ti.
Vas cayendo en las plantas de mis pies
y saliendo por los poros en forma de sudor
colándote por última vez en mis ojos
te despido con esas lágrimas que ya cesaron
hace quince días.
Se despiden de ti los labios que agradecen
y guardan con recelo el recuerdo del primer beso,
dulce y mejor beso,
que quedará siempre grabado en la memoria de las células
que recubren estos labios.
Los últimos suspiros en eso quedaron
no tomaron forma de besos
no se tornaron en sentimientos
sólo en suspiros quedaron
cortando por un segundo la respiración corriente
ahora por primera vez sólo son suspiros
que ahora regulares se confunden con una corriente de aire
que despeina el cabello que recubre esta cabeza
que ya no te piensa con melancolía...
las manos que están al extremo de mis brazos
extrañaban acariciarte
ahora le hacen culto al tiempo que no logran atrapar
pero no pierden la esperanza en él
Ese tiempo que adoran mis manos
es el tiempo de Dios,
que es diferente al de la naturaleza a la cual pertenecen...
Este cuerpo humano se impacienta
desespera
recuerda
sueña
añora
sonríe
se siente vivo
y se desgasta al tiempo mortal
pero no deja de confiar en que liberarse de ti es la mejor opción
El tiempo de Dios no es igual al tiempo del hombre mi cuerpo lo acepta y te deja ir,
te despide con bombas y platones
con música y bailes.
Te despide de la misma manera
en la que alguna vez lo hiciste sentir:
REALMENTE VIVO

CENIZA EN EL ESPEJO - CUENTO SIN "U"



CENIZA EN EL ESPEJO

Laura termina el discurso lacónico que había preparado y se calla. Jorge ha escuchado en silencio.

Llueve. Las cortinas no están cerradas por completo y una estría de luz mísera tiñe de gris la intimidad del cuarto: los contornos del espejo, de la cómoda, de los buroes, de la silla, de la puerta del baño y de sus cuerpos, apenas referidos por las sombras. La ropa revuelta, ilegible sobre la moqueta y entre las sábanas.

Laura se echa boca abajo sobre la cama: su cabello un acertijo, los brazos hundidos en la almohada y los ojos cerrados, respira despacio. Suspira.

Jorge, todavía incrédulo, la sigue y trata de aparentar calma. Le roza la espalda con los labios y se evade cautivado por el gusto agridulce, por las ínfimas gotas de sudor y el aroma a vigilia en la piel. Sin embargo, al seguir el trazo de un lunar coralino con la yema del dedo, sobreviene la duda: ¿Y ahora qué? La caricia inconclusa, la mirada vacante. Una sensación lóbrega. Derrotado, Jorge apoya la cabeza en el colchón.

El humo de cigarro navega todavía cerca del techo pajizo. El tabaco no logra imponerse al aire rancio, a la humedad que enferma los muros, a las venas pestíferas que se desplazan entre los ladrillos debajo del yeso. El baño huele a orines, la cama a semen y sudor. Jorge y Laura regresan porque en este hotel se citaron la primera vez y se hizo costumbre. Ninguno pensó en otra cosa.

Jorge se levanta de la cama buscando a tientas algo sobre el buró. Otro cigarro. Después del chasquido, la brasa irradia como un pequeño sol intermitente en la penumbra e ilumina la imagen de su cara en el espejo que le devuelve un demonio. Fuma inmóvil al lado de la cómoda. Le gustaría encontrarse en otra parte. Quizá mirando a la gente mojada, desde un edificio muy alto o caminar por Cinco de Mayo sintiendo las fachadas de piedra fría, húmeda. En alguna otra parte, cualquier parte. Imagina y posterga la reflexión.

¿Y ahora qué? Es todo lo que se atreve a pensar.

Con los párpados entrecerrados intenta circunscribir el cuerpo de Laura confundido entre las sábanas.

-¿Qué tanto me ves?

-No sé. Nada. Me gustas.

La echa de menos. Aunque está aquí, ya ha empezado a extrañarla.

-A veces te extraño.

-No te creo... tú no eres así.

-Bueno... estos días te he extrañado. Es como si de repente me hicieras falta. Pero... no sé... no sé

-Estás loco. ¡Tonto! No me confundas... Este no es el momento y además... además... ¡Tú no eres así! ¡Nunca has sido así!

-Sí, tienes razón. Olvídalo. Lo siento.

Jorge aplasta el cigarro contra el espejo y una lluvia fulgurante se desprende de la colilla. El alud de un pequeño universo.

Vuelve a la cama. Ella lo abraza con ansia, olisquea su cuello como si tratara de conciliar, como si también lo extrañara. Él disfruta sintiendo el aliento cálido en la piel.

Se quedan callados en medio de un silencio de rumores vagos. Al fondo una mujer tararea acompañada del zumbido monótono de la aspiradora, bocinazos que delatan el enfado de una ciudad que no se despereza nunca y voces que hablan un idioma de subtítulos.

Comienzan a besarse de nuevo. La confusión y los odios se esconden. Las sábanas caen. Los minutos sin palabras.

Abrazos atrapando los cuerpos, manos que se deslizan como un torretente, ansia, pasión, mucho fuego al hacerse el amor.

Laura, encima y un arrullo que sustituye el canto con gemidos, contrae los dedos y los extiende mientras Jorge le ciñe la cintura. El placer exige celeridad, todo es desgarrarse, romperse, dejar sobre la cama y en el aire los arrestos...

Laura y Jorge se apartan sudorosos, satisfechos.

Fuman otra vez en silencio. Laura respira lentamente. A Jorge una burbuja incómoda le crece en el vientre. Los minutos sin palabras.

-¿A qué hora tienes que irte?

Ella acerca su muñeca izquierda al rostro y enseguida la aleja tratando de enfocar las manecillas fosforescentes. Se incorpora intempestiva haciendo chillar las vísceras del colchón.

-¡Ya es tardísimo! ¡Vístete! ¡Vámonos! -Se pone de pie, enciende el foco y comienza a revolver entre las sábanas para encontrar su ropa, luego entra al baño. Jorge, desde la cama, angustiado, escucha el repique de la orina cayendo en el retrete.

Laura vuelve y él la contempla un minuto más fijándose en los detalles, angustiado mientras va perdiendo su piel: cada prenda es una vuelta al vacío, el filo que desolla la intimidad. Finalmente está vestida y él debe levantarse.

Laura en el espejo aplicando maquillaje a sus párpados turgentes: la imagen cerúlea bajo el halo obsceno del foco.

Jorge abre las cortinas. La noche es inminente.

Al fin Laura se le acerca con el color fresco en los labios y la mirada indescifrable. Lo besa varias veces en silencio. Desconfiada se toca los lóbulos, el cuello, las muñecas y palpa su bolsa asegurándose de no estar olvidando algo. Él no puede evitar que sus ojos regresen a la cama.

Bajan las escaleras. Jorge pone la llave sobre el mostrador y salen del hotel.

Juntos pero sin tocarse caminan hacia la estación del Metro. Hay algo triste y sucio en sus siluetas. Ella evita los charcos, él no, distraído, buscando qué decir sin decir nada.

Las nubes, deshonestas, se desploman otra vez. La llovizna comienza a ensoparles el cabello y humedece su ropa. Laura se detiene bajo un portal.

-Aquí está bien. Ya ha de estar en el metro esperándome. No nos vaya a ver... -Una gota menuda pende de sus pestañas. Vuelve la mirada hacia la estación constantemente, nerviosa. -...Adiós.

-¿Adiós?... pero...

-Adiós Jorge.

Jorge se queda ahí un momento viéndola alejarse y esquivar los charcos. Un dolor, algo triste y sucio. Echa a andar hacia otro lado. De pronto, se vuelve apremiado y regresa sobre sus pasos buscándola pero ella se ha perdido en la maraña de paraguas.

La pregunta inútil languidece en sus labios: ¿Y cuándo es tu boda?.




CUENTO SIN “U”

Caminaba distraídamente por el camino y de pronto lo vio. Allí estaba el imponente espejo de mano, al costado del sendero, como esperándolo. Se acercó, lo alzó y se miró en él. Se vio bien. No se vio tan joven, pero los años habían sido bastante bondadosos con ella. Sin embargo, había algo desagradable en la imagen de sí misma. Cierta rigidez en los gestos la conectaba con los aspectos más agrios de la propia historia:

La bronca, el desprecio, la agresión, el abandono, la soledad.

Sintió la tentación de llevárselo, pero rápidamente desechó esa idea. Ya había bastantes cosas desagradables en el planeta para cargar con otra más. Decidió irse y olvidar para siempre ese camino y ese espejo insolente. Caminó durante horas tratando de vencer la tentación de volver atrás hacia el espejo. Ese misterioso objeto la atraía como los imanes atraen a los metales. Resistió y aceleró el paso. Tarareaba canciones infantiles para no pensar en esa imagen horrible de sí misma. Corriendo, llegó a la casa donde había vivido desde siempre, se metió vestida en la cama y se tapó la cabeza con las sábanas. Ya no veía el exterior, ni el sendero, ni el espejo, ni la imagen de ella misma reflejada en el espejo; pero no podía evitar la memoria de esa imagen: La del resentimiento, la del dolor, la de la soledad, la del desamor, la del miedo, la del menosprecio.

Había ciertas cosas indecibles e impensable… Pero ella sabía donde había empezado todo esto. Empezó esa tarde, hacía treinta y tres años... La niña estaba tendida, llorando frente al lago el dolor del maltrato de los otros. Esa tarde, la niña decidió borrar, para siempre, la letra del alfabeto. Esa letra. Ésa. La letra necesaria para nombrar al otro si está presente. La letra imprescindible para hablarle a los demás, al dirigirles la palabra. Sin manera de nombrarlos dejarían de ser deseados... y entonces no había motivo para sentirlos necesarios.... se sentiría, por fin, libre…

EPILOGO:
Escribiendo sin "U" puedo hablar hasta el cansancio de mí,
de lo mío, del yo, de lo que tengo,
de lo que me pertenece... Hasta puedo escribir de él, de ellos y de los otros.

Pero sin "U" no puedo hablar de ustedes,
del tú, de lo vuestro.
No puedo hablar de lo suyo, de lo tuyo, ni siquiera de lo nuestro.

Así me pasa.... A veces pierdo la "U"....
y dejo de poder hablarte, pensarte, amarte, decirte.
Sin "U", yo me quedo pero tú desapareces...
Y sin poder nombrarte,
¿cómo podría disfrutarte?.

Como en el cuento... si tú no existes, me condeno a ver lo peor de mí misma


reflejándose eternamente, en el mismo
mismísimo estúpido espejo.

COMPARTIR EL ESPEJO - BESOS EN EL ESPEJO

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"¿Quién no es juguete del deseo de los otros?
Y, sobre todo, ¿quién no goza siéndolo?"
Ana Clavel


COMPARTIR EL ESPEJO

Muebles que empiezan a reconocer el lugar... y el lugar a ellos; la casa respira más gente y el aire desprende más calidez. Se acerca el mes de junio y queda atrás un calendario de transformaciones, estoicas insistencias y trémulos intentos. Hoy... el movimiento inquieto de la acomodación y la readaptación. Mañana... la esperanza.

Es difícil hablar de compartir espejos y sobre todo, una cama. Hay muchas cosas que se quedarían sin decir si cuento lo que tengo ganas de expresar porque ni un millón de palabras podrían demostrar lo que hoy siente mi pecho en sus paredes interiores, lo que percibe mi mente calma como un remanso, o mis pies cansados de caminar pero con cicatrices de experiencia y durezas de tesón... Es difícil hablar de la felicidad porque muchas veces hasta uno mismo duda de si es esto o si falta para que se le acerque.

Así que simplemente voy a hablar de soledades compartidas, de fe y de lucha. De compañía única e irremplazable, y de mucho AMOR. De adicciones de mimos, de miradas encontradas con más frecuencia y de AMOR, mucho AMOR...

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BESOS EN EL ESPEJO

Una excelente narración de las circunstancias y sentimientos del primer beso.

Durante meses imaginé cómo sería. Lucía, mi mejor amiga y la más informada en cuestiones de amor, nos decía: “Es como apoyar los labios en una babosa. Se siente húmedo y blandito”. “¿Qué tendrá eso de lindo?”, pensaba yo. “Al principio no te acostumbrás ni practicando con el espejo, pero después termina gustándote”, decía Lucía.

Yo observaba a los chicos que se besaban en la plaza. Me interesaba más la expresión de las chicas, porque creía que los varones eran diferentes. Tal vez a ellos sí les agradaba pegar sus labios en una babosa.

El asunto me inquietaba demasiado, y las explicaciones de Lucía me resultaban confusas y algo asquerosas. De todos modos, los besos estaban absolutamente prohibidos por orden de papá.

De puro zonza le conté a mamá que Argenis se me había declarado. “¡Qué bueno!”, exclamó abrazándome; sabía cuánto me gustaba ese rubioo petiso y tímido. Me gustaba mucho, muchísimo. Y sólo a mí; las demás chicas del grado se peleaban por Lucas, un morocho alto y flaco.

Argenis era tan inteligente como testarudo. Cuando en una prueba no le salía un ejercicio se desesperaba: la cara se le hinchaba de furia, hasta que, desconsolado, estallaba en un llanto mudo sobre el pupitre. En esos momentos me daba cuenta de cuánto me gustaba. Deseaba correr a su lado, abrazarlo y susurrarle al oído “Tranquilizáte, hacélo despacio y te va a salir”, como me decían en casa cuando luchaba con la tarea. Pero era imposible con toda la clase mirando. Y además, en las pruebas no podíamos levantarnos ni hablar con los compañeros.

Pero Argenis siempre parecía mirar a otras compañeras. Hasta que en séptimo grado, finalmente, se fijó en mí. No sé por qué, tal vez porque ya no era una nena. Me sentía diferente; mi cuerpo cambiaba más rápido que mi cabeza. Seguía jugando a las muñecas, pero también pasaba largos ratos frente al espejo, observando mis pechos, como si no fueran propios. Me fascinaban, y a la vez me perturbaban. Sobre todo, me avergonzaba la mirada de los chicos. Me acostumbré a llevar las manos metidas en los bolsillos del delantal, estirando la tela para separarla de mi cuerpo y parecer más chata. Lo peor de todo eran las clases de Educación Física, porque debíamos quitarnos el guardapolvo. Por suerte, no era la única mutante. Y aunque había que soportar las cargadas de los varones también me agradaba dejar de ser una nena.

Lo cierto es que en décimo grado, Argenis y yo nos hicimos muy amigos. Ambos cantábamos en el coro de la escuela, que se reunía por la tarde. A la salida recorríamos juntos un par de cuadras, hasta que los caminos nos separaban. Enseguida advertí que Argenis no era igual a los demás varones. Podíamos conversar de música, de experimentos, de historias de terror, y hasta nos prestamos algunos libros de cuentos.

Un día, la profe del coro me eligió junto con otras chicas para cantar como solistas en el acto de fin de año. Me sentí feliz y orgullosa de que Argenis presenciara ese momento. A la clase siguiente vino a escucharnos la vicedirectora, una mujer obesa que usaba peluca y decía ser cantante lírica. Nos hizo pasar al piano de a una. Finalmente, nos dejó afuera a mí y a otra compañera: “la voz suena para adentro “, determinó. Yo no comprendí su comentario y pensé en abandonar el coro.

Un par de semanas después, nos llevaron a conocer el Teatro Colón, y presenciamos el ensayo de una ópera. Nos ubicamos en los palcos laterales, en unos sillones forrados en terciopelo bordó. Yo estaba fascinada, observaba el escenario e imaginaba la emoción que causaría cantar frente a un teatro tan inmenso y hermoso. Entonces Argenis se acercó y me susurró al oído: “No le hagas caso a la gorda. A mí me gustaría escucharte cantar”.

Y un buen día, se me declaró. Yo creí que jamás lo haría, pero ocurrió: “¿Querés ser mi novia?”, me preguntó justo antes de que sonara el timbre del último recreo. A mí me gustaba tanto que hasta le habría prometido casarme con él. Sin embargo, traté de disimular la emoción que me apretaba el estómago, y sólo contesté: “Sí”. Pero el sonido del timbre tapó mi respuesta. Argenis me miró sin animarse a preguntar nuevamente. Me acerqué y tomé su mano. “Bueno, entonces somos novios”, dijo, y los dos sonreímos.

Apenas llegué a casa, se lo conté a mamá. Ella me abrazó emocionada y se puso a recordar sus primeros noviecitos. Yo la interrumpí y le hice prometer que no se lo contaría a papá, ni a Marcelo, uno de mis hermanos mayores.

Pero esa misma noche, durante la cena, papá dijo muy serio: “Mamita, en esta casa no quiero problemas”. Como puse cara de no saber por qué lo decía, aclaró: “Nada de novios”. No me molestaron tanto las palabras de papá como la traición de mamá. Clavé mis ojos en los suyos con tal furia que temí lastimarla. Ella me guiñó un ojo, haciéndose la tonta. “Querido, no seas anticuado, tiene quince años. Novios… novios eran los de antes, cuando una se comprometía. Ahora los chicos son amigos, noviecitos”. Pero papá sentenció: “A el liceo se va a estudiar. Nada de novios ni de noviecitos”.

Desde ese momento no mencioné más el tema. Ni siquiera escribía en mi diario íntimo por temor a que mi otro hermano Wilfredo lo leyera. Cuando necesitaba escribir lo hacía en un papel que después rompía y arrojaba al inodoro. Las cañerías sabían todo sobre mi amor secreto: Que era Argenis y no Lucía quien me había regalado la muñequita que, sentada en una hamaca, colgaba sobre mi cama; que era Argenis el que me acompañaba hasta la esquina de casa cuando mi hermano se quedaba en el liceo hasta la tarde; que era Argenis el que convenció a la maestra para sentarse a mi lado. Que mis fines de semana se hacían eternos. Pero en casa ni una palabra; seguía siendo una buena chica.

“¿Me das un beso?”, me preguntó una mañana de invierno. “¿Acá?”, fue lo primero que se me ocurrió decir. “No, en el liceo no”. “No sé”, contesté.

Pasé varias tardes encerrada en el baño practicando. Pegaba la cara al espejo y refregaba la lengua sobre mi propia imagen hasta dejar el vidrio pegajoso.

Aún no me decidía cuando Lucía anunció que festejaría sus quince años con un asalto. Los chicos traerían bebidas y las chicas, comida. Íbamos a bailar con las luces apagadas, o lo más tenue que nos permitieran los adultos de la casa, que siempre andaban espiando.

Entonces Argenis puso fecha a su pedido: la fiesta de Lucía. Quería que esa noche nos besáramos por primera vez. Al principio, lo dijo tímidamente; luego, me lo recordaba cada vez que me veía, dando besos en el aire. Yo me sonrojaba y miraba para otro lado.

“Necesito algo nuevo para el cumple de Lucía”, le pedí a mamá. Fuimos a un negocio para adolescentes, aunque yo apenas tenía quince. Después de probarme y descartar una pila de ropa, encontré una pollera color lila que me enamoró. Mamá eligió una camisa blanca. ¡Quedaban perfectas! “Es un poco transparente”, opinó mamá, y le pidió a la vendedora un corpiño. “¡Mamá!”, exclamé ruborizada. “Bueno, ya es hora. Te vas a sentir más cómoda”. Y ahí estaba yo: en un negocio para adolescentes con una minifalda lila, una camisa transparente y un corpiño que no sabía cómo usar. “¿Te ayudo querida?”, preguntó la vendedora metiendo su cabeza a través de la cortina cuando aún estaba desnuda. Me sentí una idiota, pero valió la pena. Después de todo, como decía mamá, estábamos entre mujeres.

Llegó el día, un viernes frío de mayo. Luego de almorzar intenté sin éxito dormir la siesta. Sobre mi cabeza, la muñequita se balanceaba suavemente en su hamaca. “Que sí, que no”, pensaba mientras la miraba.

A las ocho en punto toqué el timbre de Lucía. Ella se veía hermosa y parecía más grande, con los aritos colgantes que le habían regalado sus papás. Me tomó de la mano y me llevó al comedor. La música sonaba fuerte y todos hablaban gritando. Bailé varios temas con mis amigas. Argenis me miraba pero no me invitaba a bailar. Hasta que los varones se apoderaron del equipo de música y pusieron canciones lentas. Varias parejitas poblaron la pista; sus cuerpos se balanceaban a los costados, torpemente.

Entonces, Argenis aprovechó el momento de intimidad, me tomó de la mano y me llevó al cuarto de Lucía. Nos escondimos entre las puertas abiertas del armario. El dormitorio estaba a oscuras, la música y las voces que llegaban desde el comedor parecían lejanas.

Estábamos uno frente al otro. El espejo del interior del armario reflejaba la imagen de Argenis de espaldas. Era bastante más alto que yo: mi cabeza apenas alcanzaba sus hombros. Yo en puntas de pie, él apoyó suavemente sus manos en mi espalda, acercó sus labios a los míos y los besó. Fue apenas un instante. Sus labios duros y cálidos no parecían babosas. Separó su cara sin dejar de abrazarme y me miró. Ambos sonreímos. “Otro”, susurró rompiendo el silencio.

El tiempo parecía detenido, la fiesta ausente, trasladada a otra parte. El cuarto de Lucía, donde tantas veces habíamos jugado, me resultaba extraño. Las muñecas que habían protagonizado historias de amor imaginarias se convertían ahora en testigos de mi propio juego.

“Otro”, suplicó Argenis como si pidiera el último caramelo. “¿Otro más?”, exclamé yo, que no sabía cuántos besos eran un beso. No pude resistir. Nuestros labios se aproximaron como si fueran labios sin dueño, solo labios.

De repente, la puerta del cuarto se abrió bruscamente y una voz familiar separó nuestros cuerpos. “¿Donde estás?”, gritó mi hermano.

Sin pensarlo, empujé a Argenis escondiéndolo en el armario, y salí a su encuentro.

“¿Qué hacés acá, nena?”, preguntó mientras encendía la luz. “Buscaba mi chaqueta”, contesté. “¡Esta fiesta es un plomo! Por fin me vienen a buscar”. “Bueno”, dijo él, “Apuráte que papá espera en doble fila”.

Me puse la chaqueta, apagué la luz y salí del cuarto en silencio, como si allí no hubiera nadie. En el pasillo miré el reflejo de mi rostro en el espejo. Seguramente ellos no se darían cuenta.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

MOMENTOS

En mi vida hay momentos en que las cosas se han reacomodado. Para mí son momentos de intensa creatividad. Me contemplo a mí misma dentro de mi mundo desde una perspectiva diferente. Y me mantengo así hasta que surge un nuevo reacomodo.  Suele sucederme que estos ataques me dan en los momentos menos esperados… Este escrito surgió en una experiencia así y la escribí, aquí se los dejo:

 

La vida se resume en los sentimientos, en la palabra misma: Vivir.

Dejando volar la imaginación tan sólo para sentir

a través de la emoción que nos ofrece cada experiencia,

así tenemos la potestad de decir "Yo he vivido".

Aprender a disfrutar del amor, de la tristeza,

de las rabias, de las sonrisas, de los desamores, de cada uno

de esos sentimientos que forman una colorida gama que nos

conforma como los seres humanos que somos, sólo así, viviendo y sintiendo,

es cuando realmente renacemos cada día

y aprendemos a caminar por el sendero del destino.

Ahicher


 

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Mente Positiva

 

Después de la tormenta viene la calma.

Pa' lante es pa allá

Pa' atrás ni pa' agarrar impulso

Todo lo que pasa es porque es lo más conveniente

No hay mal que por bien no venga.

 


La cantidad de dichos de este tipo nunca se pelan, uno no siempre entiende las cosas que nos pasan al momento y muchísimo menos cuando son cosas que nos duelen en el orgullo, en el corazón o en el alma, pero al pasar el tiempo vamos entendiendo y aprendiendo que es cierto, siempre lo que pasa es por algo. Siempre he dicho que Dios (o la vida, o el destino, según cada creencia, como quieran llamarlo) tiene una manera muy curiosa de hacer las cosas, y aunque no siempre lo entienda ni lo apoye en el momento, confío en que todo lo hace por algo. Acoto que esto no quiere decir que hay que dejar que las cosas pasen y ya sin luchar por lo que queremos, pero cuando nos sabemos vencidos tenemos que seguir adelante con toda esa experiencia y usarla a nuestro favor, en un futuro, contra el juego de la vida. Cada experiencia nos hace más fuerte, cada experiencia nos enseña a crecer...Y como siempre sigo agradeciéndole a la vida que me de experiencias malas y buenas porque así aprendo de todo un poco....


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 Hay un mundo a la vuelta de la esquina de tu mente,

donde la realidad es un intruso

y los sueños se hacen realidad...

Puedes escaparte a él a voluntad.

No necesitas contraseña secreta, ni varita mágica...

ni lampara de Aladino...

¿HAY SUEÑOS REVELADORES?

suenos

                                                                                                    ¿HAY SUEÑOS REVELADORES?

 

Hoy les ofrezco mi reflexión sobre algunos sueños y otros signos significativos en algún momento dado, que tratan de revelarnos algo en algún momento de nuestras vidas. Esta reflexión será relatada en conjunto con todas las cosas que he vivido las últimas semanas...

Yo usualmente no creo en fantasmas o voces del más allá, no creo en que hay seres que ronden de vez en cuando por acá por cosas que les faltan por hacer. Pero es entonces cuando me digo que cómo no creo en eso, pero sí creo en Dios que es un ser intangible que para mí Ahicher Rodríguez sí existe. A pesar de esas dudas dos cosas que siempre siento son a Dios, y en mis momentos de gran duda o tristeza, a mis padres, quienes murieron, papá hace casi 12 años y mamá hace casi 10, siempre están conmigo y los siento como dándome apoyo... Quizá sea algún mecanismo psicológico que aplica mi mente porque sabe que me ayuda, o quizá sean ellos que de verdad nunca  nos han dejado solos a mis hermanos y a mí, y siempre nos cuidan... Supongo que este tipo de cosas inexplicables, por mucha mente científica que tengamos, alguna vez las hemos sentido y no me nieguen que nunca se han preguntado si existen cosas así o no... En mi caso suelo buscar las respuestas al nivel de la física. Pensando en que si todo es energía, entonces TODO es posible...

 

Ahora díganme: ¿Qué piensan ustedes de los sueños?... Se han puesto a pensar por un segundo que algunos de nuestros sueños, son mensajes que tratan de revelarnos algún acontecimiento de nuestra vida o de alguien muy cercano. Los sueños no son meramente actividad somática: son un acabado fenómeno psíquico de realización de deseos, y por tanto deben ser incluido en el conjunto de los actos comprensibles (no incomprensibles) de nuestra vida despierta, constituyendo el resultado de una actividad intelectual altamente complicada.

 

Hace un par de semanas atrás mi sobrina Maribel soñó casi todos los días por dos semanas, un mismo sueño que se repetía, en parte del sueño se veía a ella misma (Maribel), a mi hermana Yolanda, su madre y a su abuela, mi madre (difunta). En el sueño mi madre las abrazaba a ambas, también veía en el sueño un ataúd pero no pudo saber quien se encontraba en la caja fúnebre, el rostro de la persona no se mostraba. Por otro lado, mi hermana tenía una semana sin poder dormir, padeciendo de insomnio e inquietud, aunado de sentir toda clase de ruidos nocturnos, como un alboroto y silbidos fuertes producidos por el viento. En cuanto a mí, la semana anterior, había soñado dos noches, con una intermedia sin soñar; con mi madre, pero esta en mi sueño estaba viva, llena de vida, como si los años no hubiesen pasado ni ella partido. Y la noche antes de recibir una mala noticia, no pude dormir en toda la noche, por insomnio e inquietud. Solo los que sufren insomnio noche tras noche saben lo desesperante que puede ser querer dormir y no poder. Entra en un estado irritable, el día siguiente siente como si tuviese una resaca, no se siente lúcido y no rinde en el trabajo. Y parece ser como un círculo vicioso. Cuanto más se necesita dormir, más dificultad se tiene. El insomnio es un trastorno del sueño que puede tener diversas causas. Lamentablemente al día siguiente, llegó la noticia de la muerte trágica, del cuarto de mis hermanos mayores.

 

Según especialistas que interpretan los sueños, la interpretación de un sueño con la muerte depende del contenido emocional. Si se despierta con una terrible sensación de una muerte real, puede ser que ha sentido la muerte de alguien. Esto ocurre a las personas sensibles. En las personas mayores este sueño les ayuda a prepararse para su propia muerte. Sin embargo dicen, que si sueñas con la muerte sin sentir miedo o preocupación, representa una liberación de las preocupaciones actuales y significa lo opuesto a morir, una curación o un renacimiento está a punto de ocurrir en tu vida. Si sueñas la muerte de un ser querido, es posible que careces de algo en tu vida que dicha persona representa. O, por el contrario, puede significar que esa persona ya no representa nada en su vida.

 

Freud distingue entre el contenido del sueño "manifiesto" o el sueño experimentado al nivel de la superficie, y los "pensamientos de sueño latentes", no conscientes que se expresan a través del lenguaje especial de los sueños. Así que lo que puede parecer ser un conjunto de imágenes soñados sin sentido puede, a través del análisis y del método "descifrador", ser demostrado ser un conjunto de ideas coherentes. Freud propone que al valor del análisis de los sueños se radica en la revelación de la actividad subconsciente de la mente. Freud considera que todo sueño es interpretable, es decir, puede encontrarse su sentido. La labor de interpretar no recae sobre todo el sueño en su conjunto sino sobre sus partes componentes basándose en una especie de libro de los sueños, donde cada cosa soñada significa tal otra cosa en forma rígida, sin considerar la peculiaridad de cada sujeto. Primero se descompone el relato en partes, y recién al final surge la interpretación final o global, en la cual se nos revela el sueño como una realización de deseos.

 

Interpretan los especialistas que soñar que está vivo un padre fallecido o una madre fallecida, es de muy mal augurio. Trae mala suerte; y afirman que los mensajes que nos transmiten los muertos, son muy importantes, porque nunca mienten y pueden decirnos cosas importantes o avisarnos sobre peligros.

 

Hoy estoy aprendiendo que en la sencillez de la mente para con Dios es así como encontraremos las respuestas y escucharemos su voz. Por esos las grandes manifestaciones de Jesús, la virgen, los ángeles, no se les aparecen a científicos superinteligentes, genios o filósofos que le buscan a todo una existencia, sino a pastores humildes, indios, campesinos, gente… quienes conocen de la sencillez y la simpleza del pensamiento sobre un ente superior o santo...

 

La ciencia puede ayudarnos a comprender las cosas que nos rodean mientras vivimos, pero últimamente me he querido quedar quieta con mis preguntas y dudas para dejar que Dios actúe y forme de la manera en la que él quiere, como sea su voluntad, ya que con tantas preguntas ni lo dejo actuar y lo que hago es reclamar y reclamar cosas inútiles. Pero nuevamente digo Hoy aprendí a aceptar la voluntad de Dios, y a los que no creen en él de igual modo aprendan a aceptar las cosas que la vida le da (claro sin dejar de luchar por lo que se quiere) pero igual hay que entender que TODO SUCEDE POR ALGO....


Desde acá le dedico esto a mis ángeles guardianes Jorge y Agustina, mis padres, que amo y extraño todos los días y le agradezco por haberme enseñado a creer y a mantener mi fe...


  




NO ESTÁS DEPRIMIDO, ESTÁS DISTRAÍDO


REFLEXIONES DE FACUNDO CABRAL

 

Hoy he tenido la oportunidad de conocer como piensa y como se expresa Facundo Cabral, ha sido por mediación de una amiga que lo esta pasando un poco mal, se ha sentido tan reconfortada, que me lo ha dado para que también lo lea, ambas nos hemos brindado mutuo apoyo y la lectura nos ha reconfortado especialmente lo que hemos leído de él , que inmediatamente hemos buscado todo lo que pudiéramos encontrar sobre él y de su vida.

 

Facundo Cabral es un trovador de nuestros días que deja fluir espontáneamente sus pensamientos y sentimientos, que nos habla al oído de Dios, de los sueños, del amor. Escucharlo es un despertar y leerlo una iniciación.

 

Nacido en el puerto argentino de La Plata, Facundo no tuvo una infancia fácil, dejó su casa muy pronto y se dedicó a realizar todo tipo de tareas. Con el tiempo aprendió que lo suyo era dar su testimonio de la vida al mundo en canciones, en poemas o en una simple charla, y así lo ha hecho.

 

Un ser que se dedica a relatar los pasajes de su vida, a lanzar coplas del amor y resaltar la sabiduría de los mayores. Un hombre que ha recorrido el mundo hablando del valor de la libertad y la crueldad de las injusticias valiéndose de la sátira política.

 

En reconocimiento a su constante llamado a la paz y al amor, en 1996 la UNESCO lo declaró "Mensajero Mundial de la Paz.


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NO ESTÁS DEPRIMIDO, ESTÁS DISTRAÍDO

 

No estás deprimido,  estás distraído… Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que te rodea, delfines, bosques, mares, montañas, ríos.

 

No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano,  cuando en el mundo hay cinco mil seiscientos millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo lo paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco... algo fundamental para vivir.

 

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene setenta años, olvidando que Moisés dirigía el Éxodo a los ochenta y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los noventa, sólo por citar dos casos conocidos.

 

No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo,  lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además, la vida no te quita cosas: Te libera de cosas... te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones. No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.

 

¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte... hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuelo y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.

 

Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser, será y, llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible y sin esfuerzo,  porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban tres o cuatro meses de vida.

 

Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo. A ti debes hacerte  libre y feliz. Después podrás compartir la vida verdadera con los  demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás  viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser feliz, porque la  felicidad es una adquisición.

 

Además, la felicidad no es un derecho, sino un deber; porque si no eres feliz, estás amargando a todo el  barrio. Un solo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó a matar a seis millones de hermanos judíos.

 

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las  pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

 

Y si tienes cáncer o sida, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas: Si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto (tengo hambre,  tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas)... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido... por lo tanto, fácilmente  feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente, como debe ser.

 

No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese  niño que será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además, el servicio es una felicidad segura,  como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medida. Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el  mismísimo Amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas.

 

El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida. Vale la pena, ¿Verdad?... Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en el. Si él  tuviera una cartera, tu foto estaría dentro de ella. Él te manda flores  cada primavera. Él te manda un amanecer cada mañana. Cada vez que tú  quieres hablar, él te escucha, él puede vivir en cualquier parte del universo, pero él escogió tu corazón. Enfréntalo, amigo, ¡Él está loco por ti!

 

Dios no te prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol sin lluvia, pero él sí prometió fuerzas para cada día, consuelo para las lágrimas,  y luz para el camino.  

 

DESPEDIDA Y LLEGADA (Año 2007)

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Hablando de regresos, dos palabras que asocio con ese término son los de despedida y llegada. Diariamente recibimos buenas y malas noticias. Llegan a nuestras vidas alegrías, tristezas, gente nueva, despedimos a seres queridos.


El jueves 14 de Febrero, “Día de la Amistad y del Amor”, fue un día muy emotivo, tuve una entrevista con una de las supervisoras de la Fundación Amigos de Niños con Cáncer, es que deseo llegar a pertenecer como voluntaria a los servicios de esa fundación, y al principio sólo te invitan como observador a sus labores normales, ese día fue bellísimo, estuve con los niños en un salón cantando la canción “No Me Voy” de Ov7 y sentí al oírlos cantar que llegan al corazón de mucha gente. Tuve una experiencia muy enriquecedora, aprendí cosas sobre el trabajo de la fundación, sobre las personas y que alegría poder recibir la llegada de tantos aprendizajes para seguir creciendo como persona.


Lamentablemente también recibí una mala noticia, el viernes 15 me avisan de la muerte trágica por arrollamiento de mi hermano Diobis, era el cuarto de mis hermanos mayores, bueno en realidad era el quinto, porque mi hermano mayor murió aún siendo muy niño, yo no lo conocí, después le sigue mi única hermana Yolanda, luego Saúl (quien fallece en 1997), Marcelo (Chipe), Diobis, Jorgito (murió en 1989), Wilfredo, Yo y mi hermanito Orangel.


Diobis fue un hombre muy inteligente, pero aún así algo desafortunado en muchas cosas, porque si es cierto que todos hemos vividos vidas pasadas y que cada vez que morimos, reencarnamos en un nuevo nacimiento, a él en este mundo y en esta ocasión, le toco una vida dura, difícil y triste, con muchas carencias, con dificultades que nunca logro superar, para finalmente terminar con una muerte más que trágica y accidental, horrible y sin piedad, una muerte para alguien que vivió la mayor parte de vida en el limbo, como en una burbuja de cristal, un mundo irreal donde para él no existía el bien ni el mal, porque nunca se metió con nada ni nadie ni fue capaz de dañar a ningún ser humano, ni animalito u insecto, porque creía que todos teníamos derecho a la vida, en lo forma que nos había tocado vivirla, y con esto, no es que pienso que “DIOS” ha sido injusto con él, NOOO para nada, es sólo que la vida tiene muchos caminos, algunos misteriosos, otros buenos y malos, otros llenos de muchas sorpresas, pero todos difíciles de transitar e impredecibles. Espero de corazón que esté descansando en paz y que Dios lo tenga en su gloria, porque si la vida decidió que era su momento, aunque no entendamos las cosas de la vida hay que aceptarlas cuando suceden, yo le pido a Dios que lo esté cuidando allá arriba... Espero que encuentre la paz... Y que si tiene otro oportunidad de volver a nacer, sea compensado y le toco vivir una mejor vida que esta que le toco vivir...


Y hablando de las sorpresas de la vida, otra de sus sorpresas fue el sepelio de mi hermano Diobis, fue el mismo día de mi cumpleaños, pero así es la vida, y así todos estos eventos me han llevado a recordar mucho en estos días a mis padres.


En alguna parte escondida de mi memoria, recuerdo sentir unos brazos cálidos que nos sostenían a Diobis y a mi, cuando mi madre nos hacía subir nuestros pies sobre sus pies para enseñarnos a bailar; y al mismo tiempo aquellas manos acariciaban la cabeza de mi padre quien, escaso de descanso, llegaba de trabajar.


Fueron esos brazos, de aquella mujer, los cuales apoyaron a mis hermanos y a mí en nuestros primeros pasos, y era mi padre, el que a escondidas nos consentía con dulces antes de comer... Fueron noches y noches de trasnocho que pasaron cuando estábamos enfermos, atendiendo a todos y a todo, mientras los más pequeños jugábamos desordenándole toda la casa.


Fue nuestra madre la que nos puso más carácter y nos enseñó el respeto y el conocimiento de otros valores, ella era la responsable de lo que sucedía en la casa mientras papá ausente, porque trabaja todo el día, era imposible descarriarse bajo la supervisión y guía de aquella recta pero justa y amorosa mujer. Mi padre quien nos dejaba jugar y luego nos daba las meriendas de pan dulce o plátano frito con queso rayado, pepsicola o toddy, cuando mis hermanos llegaban sudados de jugar toda la tarde en la calle. Aquella mujer de mirada segura fue quien me enseñó a amar a Dios, a rezarle a la virgen, a tener siempre fé en la bondad de la gente y mi padre, era el que consentía a cada miembro de la familia, quien nos recibía a todos sus hijos siempre con los brazos abiertos. Mientras fuimos creciendo, cada uno fue formado su hogar y marcho de la casa, pero las visitas eran continuas, aunque los que se encontraban lejos no eran tan seguidas por la distancia que había que recorrer y debido a sus trabajos, pero alguno que otro eventual fin de semana, vacaciones o navidad, que pasábamos con ellos, y ellos siempre pacientes y constantes nos amaban a cada uno, transmitían esa sonrisa que calmaba hasta al más alterado. Ella quien hacía mis muñecas de trapo; él quien me decía "¡mi mamita o mi loquita!"; ella quien se paraba temprano en la mañana a prepararnos las arepas y él dispuesto para abrazarte y darte esa sonrisa, acompañada de su tierna y dulce mirada tan llena de amor y de vida... Para mis viejos que son nuestros ángeles guardianes, gracias por cuidarnos en los momentos de llanto, en las crisis existenciales... gracias por hacernos saber que siempre están ahí....


Fue aquella madre fuera de contexto, mi vieja hermosa de aquel carácter fuerte y terco, pero siempre tan cuidadosa. De ella me escondía porque me regañaba para hacer las cosas bien, pero era ella quien siempre nos cocinaba. La madre que entre regaños curaba mis heridas y cosía mis vestidos. Mi mamá quien me enseñó que las madres también pueden echar broma. Ella, quien me enseñó a coser a mano (a remendar como ella lo decía), quien me regalaba los carretes de hilo vacío, para que jugara todo el día...La madrecita que me decía "¿Cómo quieres que te haga tus baticas?"; la que me pelliscaba en forma de juego y aunque me dolía, nunca me podía molestar con aquella sonrisa tan sensata y aquella mirada que escondía un brillo de picardía. Fue ella quien me mostró su lado sensible cuando murió mi hermano Jorgito, se abrió con su hija menor y entre lágrimas me abrazó de una manera que jamás olvidaré. Mi madre recia que decía "Carajo muchacha no salgas a la calle mostrando la barriga", la linda que cada vez que nos daba un permiso de salida nos decía: "yo los dejo ir pero con mucho juicio"... La madre que el día que partió, nos dejó entre muchas lágrimas un enorme vacío con su ausencia... por eso y otras mil cosas le agradezco a Dios y a mi madre por ese temple, por ese carisma, por ese amor tan infinito y hermoso que siempre nos demostró....


A aquellas mujeres que son pilares fundamentales de la familia, a mis padres que, muy agradecida con la vida, tuve... A ellos mil gracias por enseñarme, por consentirme y por ser la base de todo lo que conozco...


Pienso que recibimos bendiciones diarias, nos despedimos de otras, pero sin importar lo que sea, principalmente ganamos de todas ellas la experiencia del vivir en la palabra plena y enriquecedora. Nos volvemos ricos en sabiduría, en vivencias, en saber. Aprendemos con las despedidas a apreciar lo que tenemos, aprendemos con las llegadas a agradecer la felicidad del respirar, sentir, caminar, movernos... La vida se va llenando poquito a poco así: recibiendo, dejando, devolviendo, reciclando, rompiendo, arreglando, mezclando, cortando, separando y cuidando todo lo que nos va llegando a las manos...


Gracias Dios por dejarme recibir y darme la conciencia del agradecimiento... Gracias vida por darme golpes bajos, dejarme caer y abofetearme duramente en la cara, por darme la fuerza suficiente como para enfrentarte y seguir adelante, renovada y más apreendida cada día. Gracias por darme a gente de quien apoyarme, gente en quien confiar. Incluso gracias por la gente malintencionada que me ha dañado, porque gracia a ti vida que me has puesto a personas así en el camino, es que yo aprendí a apreciar mi honor, mi orgullo, mi respeto y a apreciar y hacer valorar mi esfuerzo de trabajo en la lucha del día a día... Así vida con tus aspectos malos y buenos, así como me quitas y me das, así te agradezco todos los matices que hacen más enriquecedora esta hermosa experiencia del vivir y crecer...


" Así es la vida, de caprichosa. A veces buena, a veces color rosa. Así es la vida... te quita, te pone, te sube, te baja y a veces te lo da todo, así es la vida..."


Me despido.... Ofreciendo estas líneas en memoria de mis padres y hermanos, como también a mis hermanos que aún viven....


"Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuestrale que tienes mil y una razones para sonreir".


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Les diré que antes del accidente de mi hermano, yo ya había comenzado a preparar y ordenar lo que iba a colocar en mi espacio, como por ejemplo; la Bienvenida y ¿Cómo soy?, ya estaban listos, pero ya tenía pensado escribirles la letra de la canción que entonaron los niños de la “Fundación Amigos de Niños con Cáncer”, cuando ya nos íbamos todos los que nos encontrábamos allí, así que ahí les dejo la letra de la canción “No Me Voy”, de Ov7, que es muy bonita y que al final, siento que esa canción representó cómo una despedida para mí, de mi hermano.

 

“NO ME VOY”
Un nudo en la garganta
rompiéndome la voz
no encuentro las palabras
para decirte adiós.
Te busco entre las luces
tratare de no llorar
te regalo cada sueño
que logramos conquistar.
”No... me voy”
Crecimos de la mano
jugando sin jugar
e hicimos una historia
sin pensar en su final.
A veces tuve miedo
pero aprendí a volar
hoy prestáme tus alas
que no quiero aterrizar.
Mil gracias por tus brazos
abiertos para mi de par en par
siempre igual.
Coro:
No me voy”
si me amarras a tu corazón
por siempre.
No me voy”
y no voy a decir adiós
mientras no me olvides.
No me voy”
No caben los recuerdos
en toda la ciudad
Mil gracias por tu risa
que alumbro la oscuridad.
Y si volviera el tiempo
te diría desde hoy
que no cambiaria este viento
a ninguna dirección.
(Repetir Coro).

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